10.7.14

Vegetación autóctona y control biológico: diseñando una horticultura intensiva sostenible

Por
Estefanía Rodríguez Navarro (1) y Mónica González Fernández (2)

Una planta con los nectarios
muy expuestos. Una característica
de planta candidata a conformar setos
 de control biológico
DOCUMENTO
Conservar y aumentar las poblaciones de insectos autóctonos, mediante el manejo del hábitat, constituye el objetivo primordial del control biológico por conservación, y el objetivo de un trabajo de las autoras E. Rodriguez y M. González, publicado en las "fichas de transferencia" de la Fundación Cajamar. Las investigaciones y experiencias de estos autores persigue crear y aumentar poblaciones de insectos autóctonos mediante la plantación de setos o barreras vegetales en el entorno de invernaderos y cultivos de horticultura intensiva.


El control biológico natural de las plagas por parte de la comunidad de enemigos naturales que están presentes en los agroecosistemas, constituye uno de los servicios ecosistémicos de mayor valor económico para la agricultura a nivel mundial. Actualmente, se calcula que los enemigos naturales de los insectos plaga, son responsables de entre el 50 % y el 90 % del control biológico natural en los campos de cultivo (Pimentel, 2005) (Imagen 1).


Conservar y aumentar las poblaciones de estos insectos autóctonos, mediante el manejo del hábitat, constituye el objetivo primordial del control biológico por conservación. Los insectos beneficiosos mejoran su crecimiento, desarrollo, supervivencia y/o fecundidad explotando los recursos vegetales que las plantas les ofrecen. En las plantas, los enemigos naturales no sólo encuentran refugio frente a condiciones climatológicas adversas y/o frente a depredadores, también encuentran presas y huéspedes alternativos, especialmente cuando éstos escasean en los campos de cultivo. Además, la mayor parte de los enemigos naturales de la plagas no son depredadores estrictos, sino que presentan un alto grado de omnivoría. Así, en algún momento de su ciclo biológico, ya sea como larva, como adulto, o en ambos casos, dependen de los recursos alimenticios que las plantas les ofrecen en forma de néctar (floral o extrafloral), polen, semillas, jugos, o melaza producida por los insectos fitófagos. Consecuentemente, las plantas juegan un papel determinante en la conservación de los insectos auxiliares en los agroecosistemas (Jervis y Heimpel, 2005).

De hecho, la teoría agroecológica predice que una mayor diversidad de plantas implica una mayor diversidad de herbívoros, y esto a su vez, determina una mayor diversidad de depredadores y parásitos, lo que resulta en cadenas tróficas complejas. En general, una biodiversidad total mayor, puede asegurar la optimización de procesos ecológicos claves, y el funcionamiento de los agroecosistemas, y por lo tanto, una mejor regulación natural de las plagas. Según el enfoque agroecológico, los agroecosistemas que contienen mayor cantidad y calidad de hábitats naturales, tienen una mayor abundancia y diversidad de insectos beneficiosos que los agroecosistemas que están intensamente cultivados. Como resultado, se espera que el control biológico natural de plagas sea mayor en los paisajes agrícolas diversos que en los simplificados. Así una mayor biodiversidad puede reducir considerablemente el uso de productos químicos o plaguicidas para el control de las plagas (Thies y Tscharntke, 1999; Chaplin-Kramer et al., 2011).

Sin embargo, la biodiversidad por sí sola no garantiza un mejor control de las especies plaga, ni una mayor producción de los cultivos, y tampoco asegura una reducción en el uso de plaguicidas. Hay que tener en cuenta que las relaciones tróficas que se establecen entre los diferentes individuos que componen un agroecosistema son muy complejas. En este sentido, como ya se ha señalado, la mayoría de los depredadores son ecológicamente omnívoros, por lo que se alimentan de presas que se encuentran en más de un nivel trófico, dándose con frecuencia fenómenos de canibalismo y/o depredación intragremial, donde diferentes especies se comen unas a las otras (Snyder y Tylianakis, 2012). También se pueden producir interacciones indirectas mediadas por el rasgo, es decir, la simple presencia de un determinado depredador, como por ejemplo una araña, induce o afecta el comportamiento de las especies de herbívoros presa y/o de otros depredadores (Moya-Laraño http://www.sea-entomologia.org/gia/jornadas_gia_ix_f.htm). Todas estas interacciones hacen imprevisibles los resultados del control biológico y pueden condicionar su éxito, derivando en efectos aditivos o negativos sobre las poblaciones de las plagas (Snyder y Tylianakis, 2012).

Por todo ello, es imprescindible aumentar el conocimiento sobre estas relaciones y establecer las bases científicas que determinen qué ocurre con las poblaciones de plagas cuando se aumenta en cantidad y calidad la biodiversidad. La clave está en identificar qué componentes de la biodiversidad son los que se desean mantener o aumentar para fomentar las poblaciones de los enemigos naturales apropiados y que mejor puedan controlar las plagas hortícolas. Esto es identificar e incrementar la “biodiversidad funcional”.
El exitoso modelo económico basado en la agricultura intensiva bajo plástico que se ha desarrollado en el poniente de Almería en los últimos 50 años, ha ejercido un fuerte impacto sobre los ecosistemas y su biodiversidad.

La agricultura protegida soporta una mayor presión de plagas y enfermedades que los sistemas agrícolas convencionales debido a la alta densidad de plantación, uso de riego, condiciones óptimas de temperatura y humedad, mayor uso de agroquímicos, superposición de varios ciclos de cultivo y, en el caso concreto de Almería, se suma la concentración y la proximidad entre invernaderos. Estos dos hechos unidos, por un lado una agricultura protegida muy concentrada, y por otro, la pérdida de biodiversidad, han terminado por configurar un agroecosistema muy vulnerable al ataque de organismos patógenos, que soporta una alta presión de plagas y enfermedades.

El objetivo
En base a la teoría agroecológica, y dado que los invernaderos ofrecen poca posibilidad de aumentar la biodiversidad dentro del propio cultivo, el objetivo de nuestro trabajo es crearla fuera de los mismos mediante la plantación de setos o barreras vegetales en el entorno de los invernaderos. Estos setos han de estar especialmente diseñados para atraer y mantener a los enemigos naturales clave. Estas plantaciones actuarían como auténticas barreras fitosanitarias frenando la libre dispersión de plagas entre los cultivos, y disminuyendo la presión de las plagas fuera de los invernaderos



Elección de especies vegetales
La selección de plantas que componen estas infraestructuras ecológicas debe ser, por tanto, un primer paso de vital importancia. Para ello, se utilizó un análisis multicriterio que consiste en una herramienta estadística muy sencilla que ayuda en la toma de decisiones complejas. Mediante este análisis, y en base a la literatura, se asignó una ponderación subjetiva para cada uno de los criterios citados más interesantes desde el punto de vista del control biológico (Tabla 1). A continuación, para cada especie de planta autóctona se le asignó un valor según cumpla dichos criterios y en base a una escala de satisfacción, también subjetiva (Rodríguez et al., 2012) (publican una tabla con los criterios utilizados para seleccionar plantas candidatas a conformar los setos para el control biológico y fotografías de estos tipos de plantas)

Los criterios para la selección de plantas candidatas a conformar setos de control biológico:
1 er  Criterio: Utilizar plantas autóctonas que estén disponibles comercialmente en los viveros. La viabilidad de un seto, es decir, que sea factible su supervivencia, repoblación y que su
establecimiento se realice en el menor tiempo posible, es un factor clave a la hora de diseñar una barrera vegetal. El uso de plantas autóctonas asegura dicha viabilidad, ya que las plantas nativas están perfectamente adaptadas a las condiciones edafoclimáticas de la zona en cuestión, son menos invasoras, y presentan un manejo más fácil que las plantas alóctonas. Además, se sabe que, la vegetación autóctona asegura una mejor protección de los cultivos puesto que es menos susceptible al ataque de plagas y/o enfermedades que las plantas cultivadas u ornamentales (Bianchi et al., 2013).
2º Criterio: Usar plantas que no sean reservorios de enfermedades víricas.
3er  Criterio: Usar plantas que ofrecen recursos alimenticios.
4º Criterio: Plantas que ofrecen refugio y/o que portan nectarios extraflorales:
5º Criterio: Establecer una cascada de flores.
6º Criterio: Utilizar plantas arbustivas.
(..)
Flores y especies vegetales seleccionadas por estos autores


Informaciones relacionadas
Esta información es un “extracto” de un documento publicado por la Fundación Cajamar y que está disponible el el enlace de a continuación.

Título original y autores
Vegetación autóctona y control biológico: diseñando una horticultura intensiva sostenible
Por
Estefanía Rodríguez Navarro (1) y Mónica González Fernández (2)
1. Estación Experimental del Zaidín (CSIC)
2. Negocio Agroalimentario y Cooperativo Cajamar Caja Rural
Fotografíasde  plantas, utilizadas en el documento: Hans Hillewaert* , Andrés Ivorra y Vicky Schwarzer
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