21.9.17

Cómo regar los almendros cuando la disponibilidad de agua es limitada

Tradicionalmente, el almendro se ha considerado en España un cultivo de secano; sin embargo, al igual que otros cultivos, responde a las aplicaciones de riego.

La escasez de agua en la mayoría de las zonas de cultivo habitual hace que esas aportaciones, cuando ocurren, estén entre los 500 y 3000 m3 por hectárea en año, que se suman a los aportes de las lluvias (entre 250 y 600 mm anuales en la costa mediterránea de la Península Ibérica). En todo caso, son riegos claramente deficitarios respecto a los 10.000 m3 a que se llega en Estados Unidos, si bien ahí se considera que un 15% menos también es suficiente.



Los buenos precios de la almendra han inducido la aparición de numerosas nuevas plantaciones, tanto en áreas tradicionales como en otras que lo son menos por su mayor riesgo de heladas, como Castilla-La Mancha. Estas nuevas zonas aprovechan la existencia de nuevas variedades tardías o extra-tardías y autocompatibles, con menos posibilidades de sufrir daños por bajas temperaturas.

En España se han llevado a cabo numerosos estudios sobre riego y riego deficitario en esta especie; J. Egea y F. Dicenta, del CEBAS-CSIC, Murcia, plantean una estrategia que se basa en sacar el máximo partido posible del agua de lluvia, teniendo el terreno preparado para que la penetración sea máxima, y suplementación con riego por goteo. Los investigadores mencionan en el artículo que publica la revista Fruticultura de mayo / junio 2017 sobre el tema que el Dr. Girona indica que no se justifica instalar riego por goteo para aplicar menos de 1000 m3/ha.

Para trabajar según la estrategia propuesta por los autores mencionados, las calles deben labrarse como se hace en el secano tradicional para mantener el suelo mullido y libre de hierbas y permitir la infiltración de las normalmente escasas lluvias; después de las lluvias se da una labor superficial que no dañe las raíces pero rompa los capilares y evite la evaporación. En otoño, una labor profunda para romper costras, aumentar la capacidad de almacenar agua y aprovechar a aplicar los abonos pertinentes.

El riego disponible ha de dejarse para los momentos críticos del ciclo vegetativo y reproductivo. Las fases más sensibles a la falta de agua son floración y cuajado de frutos (marzo), y llenado de granos y riesgo de “pelonas” (julio-agosto) y la diferenciación de las yemas florales y crecimiento de raíces (septiembre-octubre).

En la práctica esto se traduciría en que “si durante el otoño y el invierno no se ha acumulado suficiente humedad para propiciar una floración y fructificación adecuadas, hay que apoyar con riego. Tal y como ocurren las lluvias habitualmente, a partir de mediados de junio habría que aportar agua progresivamente, evitando que en julio y agosto se produzca un estrés hídrico grave. Esta aportación debería mantenerse, aunque moderadamente, después de la recolección, para propiciar un adecuado desarrollo de las yemas florales, la acumulación de reservas y el desarrollo de nuevas raíces, necesario para el siguiente ciclo”.

Informaciones relacionadas
Fuente
J. Egea y F. Dicenta (2017). Consideraciones sobre el riego de apoyo en almendro. Revista de Fruticultura nr. 55, mayo-junio: 22-31

A mayor precisión en el riego mayor productividad. Un trabajo de investigación durante cinco años en ochenta parcelas de almendros en California, calcula la cantidad de agua que necesitan estas plantaciones para obtener la máxima productividad.
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